La cláusula arbitral suele redactarse al final, copiada del último contrato que pasó por el escritorio. Cuando la disputa llega —y llega—, esa cláusula define si el arbitraje funciona o si se pierde un año discutiendo cómo arbitrar. Estos son los cinco errores que más encontramos al revisar contratos comerciales.
1. Cláusulas patológicas: ni arbitraje ni Poder Judicial
«Las partes podrán someter sus controversias a arbitraje o a los jueces de Caracas.» Ese «podrán» opcional genera discusiones previas sobre la vía competente. La cláusula debe ser obligatoria e inequívoca.
2. Designar una institución que no existe
Contratos que remiten a una «Cámara de Arbitraje» que no existe con ese nombre exacto. En Venezuela los centros de referencia son el CEDCA y el Centro de Arbitraje de la Cámara de Caracas: verifica la denominación oficial y que el centro siga operativo al firmar.
3. No definir el número de árbitros ni el idioma
Un tribunal de tres árbitros en una disputa de 80.000 dólares hace que litigar cueste más que lo discutido. Para cuantías menores, pacta árbitro único.
4. Mezclar sede, lugar y ley aplicable
La sede determina qué cortes supervisan el arbitraje; el lugar de audiencias es logística; la ley aplicable rige el fondo. Confundirlas produce laudos vulnerables ante el recurso de nulidad de la Ley de Arbitraje Comercial.
5. Olvidar quién paga qué
Una cláusula arbitral bien redactada cuesta una hora de revisión. Una mal redactada cuesta un año de incidencias antes de discutir el fondo.
Pactar por adelantado la distribución de gastos arbitrales —y si el laudo puede ordenar su reembolso— evita la segunda pelea que casi siempre sigue a la primera. Si tu empresa firma contratos con la misma cláusula desde hace años, vale la pena una revisión: el costo de corregirla hoy es marginal comparado con litigarla mañana.